Progresión chocante

Origen del mundo
Origen del mundo (1866) del pintor francés Gustave Courbet
Acabo de leer en El Mundo una crónica sobre la actuación muda de la artista luxemburguesa Deborah de Robertis en el Museo de Orsay, usando de forma simultánea como escenario, atrezzo y telón de fondo El origen del mundo, una obra pintada ¡en 1866! para expresar una noción fascinante, aunque no necesariamente muy obvia, según creo yo.

Sea como fuere, me parece ejemplar aquí el uso de lo chocante como instigador y propulsor del pensamiento sobre la condición humana en estado puro. Una vez superada la sorpresa inicial, me parece la gesta de Deborah de Robertis la expresión de una idea con vigor brillante: va siendo hora que entre todos dejemos de desaparecer el origen de nuestra existencia humana, para abrazar nuestra humanidad – en lo masculino y/o femenino según corresponda – sin complejos, sin afán de dominio u opresión, de veras: sin vergüenza sobre lo más natural, que es lo que somos y de donde venimos todos, sin excepción alguna. Ni objeto, ni súbdito, ni producto: o somos humanos o somos nada.

Por todo ello me resulta inesperadamente exquisito el mensaje pirotécnico, lanzado entre y hacia todos que vemos.

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